Alma gemela; amor y apego

Muchas personas se apasionan con el tema de las almas gemelas; y a menudo es tanta esa pasión que se confunden en lo profundo del concepto.

No siempre las almas gemelas se manifiestan en una pareja por nuestras vidas. No significa necesariamente que deba pasar por el amor de una mujer o un hombre.

Cuando las almas gemelas se encuentran en una vida, pueden encontrarse como hermanos, padre e hijo, amigos, compañeros de trabajo, o dos completos extraños que logran una química en un instante dado, muy difícil de explicar, pero que ambos sujetos saben íntimamente que algo ha sucedido en sus vidas a partir de ese encuentro.

Pero hablemos un poco en lo que concierne cuando dos almas gemelas se reencuentran bajo el aspecto del amor romántico. Como relataba en un anterior post (ver entrada relacionada), la cultura celta señala que las almas gemelas se pueden distinguir cuando entre ellas ven en la persona, una llama azul sobre su hombro izquierdo y solo la pueden distinguir esas almas gemelas.

Pero ¿cómo saber si alguien es nuestra alma gemela? Es algo casi imposible de detallar; solo los individuos involucrados pueden darse cuenta. Incluso puede tomar mucho tiempo o puede que sea al instante mismo de encontrarse. No existe condiciones conocidas para establecer parámetros sobre el tema. Y tampoco es algo de esperarse, en aquellos que lo creen, en que suceda en sus vidas si o si. El alma de desarraigó en su comienzo de su gemelo para poder aprender lo que debe aprender. Es un camino largo que lleva varias vidas y por ese aprendizaje, es que suele pasar varias vidas sin encontrarse con su gemelo. Casi podríamos decir que una bendición de Dios cuando eso sucede. Lo bueno es que sucede y que puede suceder en cualquier momento si aún no lo experimentamos.

El problema se suscita cuando, al creer tanto en ello, que la ansiedad supera la verdadera medida de lo esperable. La necesidad de sentirnos querido nos juega malas pasadas, y quienes toman el tema de las almas gemelas como bastión innegociable, a menudo se llevan grandes desilusiones, para luego culpar al destino, a Dios, a los celtas o cualquier otra entidad cuando en realidad la única culpable es la misma persona que depositó sus expectativas en algo que no debería esperar.

También la cultura celta habla de la adecuación para que el reencuentro de los gemelos sea algo factible en la vida de alguien. Esto consiste en adecuar su vida, su mente y espíritu para la recepción de su alma gemela. No es adecuar la búsqueda, no confundir;  es adecuar el alma como quien no quiere la cosa. Para hacerlo más específico, pongamos el ejemplo de alguien que limpia, arregla, decora o restaura su casa, no solo para el confort de las futuras visitas de amigos y familiares sino para un bienestar y satisfacción propia.

Esto es, antes de esperar ser amado, hay que saber amarse, antes de desesperar, hay que ser paciente, antes de creer necesitar a alguien, hay que aprender a disfrutarse de si mismo. Incluso, la soledad, a veces ayuda a encontrar el eje correcto de cada persona y ayuda al alma a aprender, crecer y estar más cerca de la elevación espiritual.

Otro tipo de error, es hablar de la “compañera o compañero” de toda la vida, o “amor de mi vida” cuando en realidad no es más que una relación perdurable en el tiempo pero poco productivo para las almas.

Me ha sucedido en mi vida, conocer amigos o familiares que con sus parejas han vivido o viven relaciones tempestuosas o poco atrayentes, por decir un par de descripciones.

He escuchado excusas como, “…Y después de tanto tiempo, tendremos nuestros errores pero nos queremos”, “Son treinta y pico de años de casado, eso es mucho como para dejar de quererlo/la”, “Me doy cuenta que es culpa mía nuestra situación y tengo que cambiar para volver a amarnos”, “En una pareja, las culpas son 50 y 50”… etc.

 Otro concepto erróneo es creer que el tiempo hace a las almas gemelas, o, expresándolo más terrenal, nos convencemos que el tiempo hace fuerte un amor que al principio fue débil. Metemos al amor para ocultar nuestras debilidades, nuestros propios errores y hasta disculpamos los graves defectos que pueden tener nuestras parejas acreditándonos las culpas. Eso es obvio que no tiene nada que ver con las almas gemelas, mucho menos con el amor; no es otra cosa que miedo a quedarse solo, culpa de no haber actuado cuando era necesario, no asumir haber dado el paso al costado cuando la historia lo ameritaba. Y gran parte de eso, no solo lo produce la pereza propia de aprender del ser humano sino, el apego.

Y llegamos al apego, porque es otra faceta que confunde algunas personas con el amor verdadero. Es una artimaña para auto convencerse que lucha por alguien, pero en realidad, sostiene en el tiempo una manera de vivir precaria porque no conoce otra, no porque no exista o no pueda provocarla; sino porque su alma tiene pereza para hacerlo.

El apego es una adicción,  una necesidad que a menudo esconde carencias propias y por lo general, el apego es contagioso cuando la otra persona no se “inmunizó” de ciertos comportamientos tóxicos que tenemos los humanos. Para las personas dominantes, el apego es una buena herramienta para someter a su pareja. Desde la actitud de pertenencia, se arroga derechos sobre el otro disfrazándolos de preocupación o atención.

Los celos desmedidos de estos, demuestran lo posesivo que son, aspecto que también desenmascara la inseguridad manifiesta sobre si mismos y la necesidad de que la pareja sea su extensión a molde.

La necesidad en el amor, solo suena bonito en una canción o una poesía; en la vida real, habla de miseria. El amor no se necesita, se comparte. Pero alguien diría, con razón dos cosas: “Todos necesitamos ser amados”, “El amor es necesario en todas partes”.

Sin embargo, el amor, sí está en todas partes. Es como la electricidad, que solo se manifiesta con un conductor, un cable. Y como se sabe, un conductor eléctrico, genera una radiación, como anillos invisibles pero medibles. Llevamos el ejemplo a lo humano y podríamos decir que Dios es el generador del amor sobre todas las cosas y nosotros somos los conductores, que a su vez irradiamos a nuestro alrededor. No podemos necesitar algo que está por todas partes; la pregunta es si somos buenos conductores e irradiadores.

Por cierto que si somos buenos conductores del amor a partir de nuestro propio ser, es de seguro que ese amor va a ser correspondido. Sea alma gemela o no, solo debemos dejar que las cosas sean y disfrutarlas. Si te amas, si sabes como es tu mente, si dejas de engañarte, sabrás diferenciar el apego del amor genuino.

El alma también debe aprender a distinguir entre el disfrute y la necesidad. Sabe que engañarse solo retrasará su evolución, tardará más vidas en crecer, deberá pasar más penas que, a sabiendas, será puramente por su culpa. El alma gemela puede estar al llegar… ¿Tu casa está en condiciones?

                         LUIS NELLA

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