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	<title>ALMA CELTA</title>
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	<description>El camino del alma a travéz de su tiempo</description>
	<pubDate>Fri, 13 Nov 2009 19:01:55 +0000</pubDate>
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		<title>Despues que&#8230;</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Nov 2009 19:01:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>almacelta</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuestiones del alma celta]]></category>

		<category><![CDATA[Dedicatorias de amor]]></category>

		<category><![CDATA[hijo]]></category>

		<category><![CDATA[poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Despues que escarpe la torrmenta,
y el sol seque las lágrimas del cielo.
Despues que los campos vuevlan a ser verdes
y las flores dejen de esconderse.
Despues que el hambre ya no sea
y la peste nos deje.
Despues que hable quien debió hacerlo
y el otro escuche como debío entenderlo.
Despues que se haya terminado el camino
y puedas comenzar el tuyo.
Despues [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Despues que escarpe la torrmenta,<br />
y el sol seque las lágrimas del cielo.<br />
Despues que los campos vuevlan a ser verdes<br />
y las flores dejen de esconderse.<br />
Despues que el hambre ya no sea<br />
y la peste nos deje.<br />
Despues que hable quien debió hacerlo<br />
y el otro escuche como debío entenderlo.<br />
Despues que se haya terminado el camino<br />
y puedas comenzar el tuyo.<br />
Despues que quite los escombros y<br />
puedas construir de nuevo.<br />
Despues que el río vuevla a su cauce<br />
y el árbol no caiga en silencio.<br />
Despues que hayas comprendido, hijo mío<br />
Y saber de mi  error cometido.<br />
Despues que no te pida que me perdones,<br />
depsues que vayas a tu destino.<br />
cuando todo te vuelva al alma&#8230;<br />
despues que me haya ido.</p>
<p>Luis Nella</p>
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		<title>Samhein en ti</title>
		<link>http://almacelta.com.ar/?p=47</link>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 17:53:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>almacelta</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuestiones del alma celta]]></category>

		<category><![CDATA[Cultura Celta]]></category>

		<category><![CDATA[almas]]></category>

		<category><![CDATA[amor]]></category>

		<category><![CDATA[celta]]></category>

		<category><![CDATA[festividad]]></category>

		<category><![CDATA[samhain]]></category>

		<category><![CDATA[vida]]></category>

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		<description><![CDATA[Un nuevo Samhain llega, En un mundo convulsionado, confuso, temeroso de su destino&#8230; Y muchas almas aún buscándose, soñándose, esperanzados y expectantes.  Los ojos atentos y las puertas de nuestras mentes bien abiertas para advertir todo. Es tiempo de reflexionar lo que pasa para entender lo que pasará. Es preciso saber aceptarnos, reconocernos y seremos entonces [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un nuevo Samhain llega, En un mundo convulsionado, confuso, temeroso de su destino&#8230; Y muchas almas aún buscándose, soñándose, esperanzados y expectantes.  Los ojos atentos y las puertas de nuestras mentes bien abiertas para advertir todo. Es tiempo de reflexionar lo que pasa para entender lo que pasará. Es preciso saber aceptarnos, reconocernos y seremos entonces reconocidos, aceptados. No busques los caminos al amor porque el amor es el camino a todo. Nada sin ese sendero, nada si no sale de tu honesta profundidad del alma. Lo que siembras es lo que cosechas y lo que cosechamos, sabremos guardarlo para los tiempos que vienen. Ser oportunos para saber cuando volver a sembrar.</p>
<p>Samhain para todos, para ti y para mi. que sea tu alma la vela de tu barca y los vientos favorables a tu anhelos, las aguas tibias y mansas te abracen en el destello de lo nuevo y sea luz de tu destino. Aprende a leer el cielo, ve a donde los pájaros van. La naturaleza no se venga de quien nada le ha hecho sino su compañera. Sea la paz en ti, sea el Samhein en tu alma.</p>
<p><strong> LUIS NELLA</strong></p>
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		<title>El pueblo en donde no sé vivir</title>
		<link>http://almacelta.com.ar/?p=46</link>
		<comments>http://almacelta.com.ar/?p=46#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 27 Aug 2008 15:01:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>almacelta</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Reflexiones viajeras]]></category>

		<category><![CDATA[ciudad]]></category>

		<category><![CDATA[desconfianza]]></category>

		<category><![CDATA[Entre Ríos]]></category>

		<category><![CDATA[pueblo]]></category>

		<category><![CDATA[viaje]]></category>

		<category><![CDATA[viajero]]></category>

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		<description><![CDATA[Había encontrado un lugar al norte de Entre Ríos, casi fronteriza con la provincia de Corrientes a la vera del río Paraná. Más allá de sus nobles termas curativas, en algún momento me detuve a ver el ritmo de ese pueblo que de tanto en tanto, algún gobierno de turno se dedica a castigar sin [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Había encontrado un lugar al norte de Entre Ríos, casi fronteriza con la provincia de Corrientes a la vera del río Paraná. Más allá de sus nobles termas curativas, en algún momento me detuve a ver el ritmo de ese pueblo que de tanto en tanto, algún gobierno de turno se dedica a castigar sin miramientos, sin saber que allí trabajan hombres y mujeres que hacen que comamos todos los días en nuestras mesas sin preguntarons gracias a quienes.</p>
<p>Aún así, el pueblo resiste, resiste los embates de quienes los castigan por trabajar en el campo, saqueándoles los sueños de prosperidad, intentando decirles que el que manda es Buenos Aires, que 8 millones de torpes créen que todo es tango, fútbol y minas. Y desde su plaza central, me preguntaba si los automóviles, allí, no estaban provisto de luz de giro, me preguntaba también si era la suerte que evitaba que hubiera una colisión cada cinco minutos. Me preguntaba si no les resultaba tan exasperante conducir tan despacio, tan lento que a veces debían detenerse en alguna esquina amontonándose ordenadamente en un armonioso desorden. También me pegunté si esos vehículos no estaban equipados con bocinas.</p>
<p>La respuesta me vino en forma de pregunta: ¿Estaré acosumbrado al apuro de la ciduad? ¿A la prepotencia de los suburbios? ¿Quién soy yo para juzgar la conducta de quienes son los dueños de aquel sitio?</p>
<p>De todos los días en que estuve en ese sitio, no había escuchado ni enterado de algún delito, de algún robo, de algo que tuviera que ver con lo policial o lo corrupto. Me sorprendió un grupo de jovenes que se reunieron en la banca de la plaza a conversar, en ronda de mate. Algo me faltaba de esa imágen. ¡Claro!&#8230; ya sé. No veía las botellas de cerveza o vino en cajita, no veía los porros ni las jeringas, no veía peinados verdes, azules o naranjas. Era tanta la inocencia de aquella imágen, dirian, que comencé a avergonzarme.</p>
<p>Ese sitio se llama &#8220;Ciudad de La Paz&#8221;, al noreste de Entre Ríos, allí la gente corre solo para practicar en lo eventos deportivos que se desarrollan muy a menudo, sino se sientan&#8230; y pescan en el Paraná.</p>
<p>Decidí dejar mi auto en la plaza y caminar por el pueblo, queria disfrutarlo&#8230; Obviamente, antes de hacerlo, me aseguré de tener las cuatro puertas del auto bien cerradas y activar la alarma, ¿no?</p>
<p>Luis Nella</p>
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		<title>Alma, Cielo y Tierra</title>
		<link>http://almacelta.com.ar/?p=45</link>
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		<pubDate>Fri, 18 Jul 2008 15:16:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>almacelta</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cultura Celta]]></category>

		<category><![CDATA[alma]]></category>

		<category><![CDATA[camino]]></category>

		<category><![CDATA[celta]]></category>

		<category><![CDATA[cielo]]></category>

		<category><![CDATA[guerrero]]></category>

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		<description><![CDATA[Los celtas, luegos de largas y duras jornadas de batallas, solían irse lejos de sus moradas, en busca de aquietar y sanar toda clase de herida. Aún indemne de cicatrices en el cuerpo, nadie salia ileso de los encontronazos, del sacrificio por la libertad&#8230; Siempre el alma era la primera dadmificada. Por ello, entre otras [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los celtas, luegos de largas y duras jornadas de batallas, solían irse lejos de sus moradas, en busca de aquietar y sanar toda clase de herida. Aún indemne de cicatrices en el cuerpo, nadie salia ileso de los encontronazos, del sacrificio por la libertad&#8230; Siempre el alma era la primera dadmificada. Por ello, entre otras cosas, es que el alma del hombre buscaba consuelo en la naturaleza, en aquel sitio apacigüo que existe en todos los rincones del mundo.<br />
El contacto con la tierra desnuda, la contemplación recostado en la hierba que orilla al lago y el silencio murmurante que circundan las montañas. El alma y la naturaleza siempre están en comunión. Una nació de la otra y viceversa, son una en manifestaciones distintas. El alma del ser humano proviene del profundo universo manifestándose en nosotros como en la naturaleza.<br />
Será por eso, tal vez, la furia que a veces dispensa los climas, la tierra temblorosa, la ira de los vientos; castigo al hombre que osa desafiar la naturaleza que es la suya, donde no existe autonomía posible, como queriendo exisitir sin corazón ni pulmones para respirar. El alma corrputa, no comparte, arrebata, destruye para su propio fin. Y la comunión no puede ser destruida, antes lo será quien desafíe las leyes del universo.<br />
siglos y siglos de oratorias duridras, sostienen el legado universal de la comunión. Es igual, tanto arriba como abajo, como el alma es naturaleza y universo a la vez. La identidad de Dios, la energía pura a la espera de ser conocida y comprendida por sus portadores en la vida terrenal.<br />
El guerrero de la luz, a veces ha debido desafiar esa naturaleza por defenderla, su alma ha sido dispuesta a sacrificarse&#8230; Sabe que todo trasciende a su vida, pues el alma siempre será en la tierra como en el cielo.<br />
Repuestos de las heridas, uno se incorpora de las hierbas y vuelve sus pasos en el sendero que le espera&#8230; y el alma volverá a ser lo que en un principio, y la naturalza aquietará su ira para volver a la inexpungable comunión.<strong></strong></p>
<p><strong><span style="font-size:large;">LUIS NELLA</span></strong></p>
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		<title>Del otro lado del lago</title>
		<link>http://almacelta.com.ar/?p=44</link>
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		<pubDate>Fri, 18 Jul 2008 14:58:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>almacelta</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<category><![CDATA[Dedicatorias de amor]]></category>

		<category><![CDATA[amor]]></category>

		<category><![CDATA[historia de amor]]></category>

		<category><![CDATA[hombre]]></category>

		<category><![CDATA[mujer]]></category>

		<category><![CDATA[paisaje]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando el mundo es demasiado pequeño]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">El hombre llegado de la Capital Federal, apenas durmió un par de horas. Quería llegar temprano a Huechulaufquen. Le habían prometido que lo esperaría un baqueano para llevarlo hasta el lago Paimún. Saludó al  dueño del hospedaje, salió de la estancia, montó su camioneta y hacia allí se dirigió.<br />
No estaba acostumbrado a tanto frío, sus manos no paraban de temblar. De la húmeda y gris Buenos Aires, a los vientos secos del sur, había una sustancial diferencia que se sentía en los huesos, nada más que el de la gran capital, acababa con la vida de uno y en esos lugares del sur, los vientos te acompañaban a vivir.<br />
Nunca había estado por allí, nunca creyó que existiera tanta maravilla. Se acordó de esos documentales que veía por cable, ahora creía cuando circunstancial locutor, afirmaba sentirse empequeñecido ante la obra de Dios. De todos modos, no pensó mucho en eso, toda esa inmensidad no le bastaba para llenar su corazón vacío.<br />
Llegó a Huechulaufquen. Luego de hablar con el guarda parques, éste le indicó como encontrarse con el baqueano que lo llevaría a donde el citadino quería llegar. Fue a pié hasta el sitio señalado a pocas cuadras. Vio a un hombre que cepillaba las herraduras en los cascos de un caballo. Se acercó a él y luego de un saludo ligero, preguntó por Eliseo. Aquel que cepillaba la herradura, se incorporó y le respondió: &#8220;Un servidor&#8221;.<br />
-Hola, mi nombre es Alberto, vengo desde Buenos Aires y mi interés es el de ir hasta el extremo del lago Paimún. Me dijeron que usted podría guiarme por un buen precio-<br />
El baqueano  estudió al porteño de abajo hacia arriba muy parsimoniosamente. Enseguida se dio cuenta que no se trataba de los acostumbrados turistas porteños, apurados, atolondrados y soberbios que acostumbraban a tropezarse con cada piedrita que estaban a su paso.<br />
-¿Qué tiempo piensa quedarse?- le preguntó Eliseo.<br />
-Tal vez con un par de horas me alcance, depende del tiempo en que tardemos en llegar hasta allí.<br />
-Bordeando el lago Huechulaufquen y mitad del Paimún, tendremos unas tres horas, ida y vuelta de cabalgata.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">-Pensé que iríamos en lancha&#8230; ¿No es más rápido?<br />
-Es mejor a caballo, tiene otro encanto&#8230; ¿Sabe cabalgar?<br />
El porteño se ruborizó un poco y le respondió que alguna vez, cuando chico, se sacó una foto sobre un matungo en Palermo.<br />
-Es simple, es como andar en bicicleta&#8230; Me imagino que sí sabe andar en bicicleta.<br />
Luego de un cursillo veloz de montura y cabalgata, se dispusieron a partir al destino pedido por Alberto. Era realmente maravilloso el paisaje. entre las aguas claras y heladas del lago que reflejaba el cielo y las cimas de las montañas que se dejaban acariciar por las nubes. Los Coihues en flor abrazaban a las bandurrias que los visitaban. De vez en cuando, el baqueano se detenía a esperar a su pasajero que algunos tramos se le dificultaba.<br />
Luego de un tiempo prolongado, llegaron a un punto de la costa del Paimún. Desmontaron de sus caballos y el citadino se acercó lentamente a la costa. Allí se quedó observando detenidamente el paisaje. Alzó levemente la vista para tomar dimensión del volcán Lanín.<br />
Eliseo lo observaba, no comprendía aún que quería hacer este sujeto apresurado en llegar nada más que hasta aquí. Miró a su alrededor y comenzó a perturbarse.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Alberto regresó a su caballo y sacó de la alforja una especie de botellón dorado. Lo abrazó como una reliquia, lo acariciaba. Se volvió al baqueano e hizo un ademán como disculpándose.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">-No le expliqué el motivo de venir hasta aquí. Seguro que creyó que solo era un simple turista.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—A decir verdad, no señor.- le respondió Eliseo.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Alberto se acercó un poco hacia el baqueano y siguió comentándole.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Mire…Esto es una urna funeraria. Contiene las cenizas de mi esposa. Llegué hasta aquí para cumplir su deseo de esparcir sus cenizas en este lago, en este punto que me indicó. Me dijo que encontraría un sitio de la costa del Paimún en forma de golfo y con rocas. Ella se sentaba allí para observar al volcán lanín. — dijo señalando el sitio.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Eliseo lo escuchaba atentamente, solo atinó a llevar la mirada hacia la urna.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">— ¿Conoce este lugar?—le preguntó Eliseo.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Nunca estuve aquí ni en todo el sur.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Perdone la indiscreción. Pero ¿Ella venia aquí sola?</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">El porteño se inquietó, bajó la vista buscando las respuestas en la tierra.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Mi esposa era pintora. Solía viajar hasta aquí para pintar paisajes. Yo jamás la acompañé… Creo que es una de las tantas faltas que cometí… Pero, en fin, ya no sirve de mucho lamentar lo que no se hizo en su momento.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Supongo que no, señor. Déjeme decirle que lamento mucho su perdida.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Gracias… Más allá de lo inevitable en la vida sobre ciertas enfermedades. Mi perdida ha sido como un castigo que debo asumir.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Eliseo solo hacía silencio compadeciéndose con sus ojos en aquel hombre que comenzaba a verse abatido.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Luego de un breve silencio, aquel hombre le dijo que lanzaría las cenizas al lago si no estaba prohibido hacerlo.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—La verdad es que no lo sé, pero aún así, hágalo, aquí nadie lo está observando. Yo… yo me retiraré para que pueda estar a solas.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—No,  no lo haga… Usted es un lugareño y creo que comprende lo que significa el lugar. Creo que sabe lo que vale como lo supo mi esposa al venir hasta aquí a pintar. Merece quedarse… Claro, si no lo molesta.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Desde luego que no, solo… me quedaré aquí. —y Eliseo se quitó su sombrero estanciero en señal de respeto.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Alberto abrió la urna y luego de balbucear algunas cosas en muy bajo tono, empezó a lanzar las cenizas al lago. Cuando la urna ya estaba vacía, lanzó a esta con fuerzas también al lago. Luego, Alberto se dejó caer de rodillas y se tomó el rostro sin poder contener el llanto.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Eliseo, a su espalda, primero se sintió muy consternado. Luego se acercó lentamente hasta Alberto, para que finalmente le pusiera su mano derecha sobre el hombro de él en señal de consuelo y acompañamiento. Alberto se lo agradeció palmeando la mano del baqueano que permanecía firme en su hombro.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;"> </span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Los primeros minutos de la cabalgata de regreso, fueron en silencio, en lentitud, hasta que Eliseo rompió el silencio.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">— ¿Cómo se llamaba su esposa?</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Abril, como el mejor mes del año. Su nombre tenía la calidez del sol del otoño pero con la frescura de la primavera.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Debió amarla mucho— comentó Eliseo.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">El porteño tardó en responder.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—No es cierto.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Eliseo se sorprendió, pero no se atrevía a preguntarle el porqué de esa afirmación. Esperó que el siguiera contando y así fue.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Mis ocupaciones eran tan importantes para mi entonces, que no me di cuenta que era lo realmente importante. Creí que era feliz haberle dado un bienestar económico. Pensé que otras cosas vendrían después, era cuestión de esperar. Pero me equivoqué tanto y pagué tan alto precio.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—No quiero entrometerme, señor. Pero la gente se enferma sin importar las circunstancias. Era inevitable y no tendría que sentirse tan culpable.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—No fue su enfermedad. Ella encontró la felicidad con otra persona.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Eliseo sintió que su corazón brincó inesperadamente.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Abril encontró su verdadero amor en este sitio.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">— ¿Aquí, en Junín de los Andes? Preguntó Eliseo.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—No de este lugar justamente, sino de un sitio que creo que queda a unos treinta o treinta y cinco kilómetros de aquí, llamado Quila Quina. Ellos venían hasta el sitio del Paimún.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">-—No sé que decir… ¿Usted se enteró?</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—No, ella me lo contó una tarde. Mucho antes de que se enfermara.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">— ¡¿Se lo contó?! — se exaltó Eliseo.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Así es… Ella, al fin y al cabo, fue la más honesta de los dos. Tal vez no la amé como debía, tal vez ella no llegó a amarme como creí… Pero tenía su manera de amar y eso implica mucha honestidad y valentía.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—De todas maneras, no la habrá felicitado por haberle confiado semejante confesión.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Tiene razón… Al principio me sentí muy desilusionado, defraudado. Mi propio orgullo no me preemitía ver por que se generaron las cosas como derivaron. Aún, enferma y todo, no llegaba a perdonarla. Incluso porque Abril, seguía habando de su amante en el sur. Yo no entendía por qué lo hacía, me preguntaba el porque de continuar clavándome ese puñal traicionero. Demasiado tarde me di cuenta que lo que ella me contaba era lo que había conseguido en su vida para ser feliz, ese momento que nos llevamos. Lo único que podemos llevarnos. Ese hombre le había hecho sentir y conocer aquello que yo no supe nunca enseñarle ni darle.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Dice que ella encontró en ese hombre las cosas que la hacían feliz, ¿Verdad?</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Más que eso… Como mujer, no necesitaba tantas cosas, solo tener la libertad de sentirse parte de algo, de un todo, de un mundo dentro del mundo…. El día que yo comprendí eso, fue el mismo día que aferré su mano antes que partiera. Ahora la extraño, la extraño a horrores. Es el precio que debo pagar por lamentar lo que nunca he valorado.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Eliseo reflexionó lo que decía Alberto. El tramo de regreso se hizo más corto. Al llegar, bajaron de sus caballos y Alberto se acercó a Eliseo para acordar el precio de la guía.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Esta corre por mi cuenta — le respondió Eliseo— Hágame el honor.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Alberto le extendió la mano en señal de agradecimiento.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Quisiera preguntarle algo más si no le molesta— le dijo Eliseo a lo que el porteño asintió sin problemas.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">— ¿No necesita conocer a el amante?&#8230; Sabiendo que vive cerca de aquí…</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Alberto ensayó una sonrisa tenue y le respondió.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Se me ocurrió por un momento, solo para agradecerle…. Pero… no sé.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—De todas maneras, quiero decirle una cosa más. Trate de no castigarse, tal vez el precio que usted dice sea justamente el que encontró su esposa… Ser parte de algo, encontrar su sitio más allá de lo material… Creo que usted me comprende.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Sí, lo sé… Tengo ese sito, mi querido amigo, tengo que hacer ese camino con un hijo que tenemos. </span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Eliseo volvió a asombrarse.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—No sabía que tenían un hijo.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Alberto tardó en responder a eso, pero se sentía bien conversarlo con aquel baqueano.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—En realidad, no es mi hijo, sino uno que concibieron mi esposa y su amante. Tiene once años.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">— ¿Y su amante lo sabe?</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—No, ella me hizo prometerle que no lo hiciera. </span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Eliseo se sintió más confuso que nunca en aquel día.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Pe… pero… ¿Por qué?</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Ella no quiso complicar el mundo de aquel hombre que le había prestado su paraíso… Pero, no sé. Tal vez un día tendré que decirle al muchacho la verdad. Tiene su derecho a su camino y para ello debe saber de donde viene. Como decimos… Ese será su lugar en el mundo.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Alberto volvió a saludar al baqueano, dio media vuelta y se fue lánguidamente hacia donde estaba su camioneta.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Eliseo lo acompañó con la mirada hasta que la camioneta de aquel hombre se confundió entre la arboleda y el sendero sinuoso de las montañas.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;"> </span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">El guarda parques se acercó a Eliseo para conversar.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">-¿Y?&#8230; ¿Cómo fue el paseo con el porteño?</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Eliseo suspiró y miró al cielo.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">-Bastante revelador… Una extraña vida la de ese hombre.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">- ¿Por?</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">- Tal vez seamos todos extraños después de todo.</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">El guarda parques lo miró sin comprender de que hablaba. </span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">-¿Qué querés decir?</span></p>
<p style="margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">-Yo me entiendo… La verdad es que me contó una historia tan increíble, que con todas esas emociones que me provocó, no tuve oportunidad de saber al menos como se llama mi hijo.</span></p>
<p style="margin:0;">
<p style="margin:0;">
<h2 style="margin:0;"></h2>
<h2 style="text-align:right;margin:0;">LUIS NELLA</h2>
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		<title>Las Espadas de Lifford</title>
		<link>http://almacelta.com.ar/?p=43</link>
		<comments>http://almacelta.com.ar/?p=43#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 18 Jul 2008 14:44:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>almacelta</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Historias de vida]]></category>

		<category><![CDATA[celta]]></category>

		<category><![CDATA[espadas]]></category>

		<category><![CDATA[historia de vida]]></category>

		<category><![CDATA[Irlanda]]></category>

		<category><![CDATA[lifford]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace cuatro años atrás, un grupo de grandes amigos, hombres y mujeres, nos volviamos a encontrar en Dublin para luego cruzar Irlanda hasta el Ulster. Allí, y luego de recuerdos y creveza negra, bien espesa y picante, nos encaramamos a los montes de Lifford. Según las leyendas celtas, los guerreros que se retiraban, llevaban sus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace cuatro años atrás, un grupo de grandes amigos, hombres y mujeres, nos volviamos a encontrar en Dublin para luego cruzar Irlanda hasta el Ulster. Allí, y luego de recuerdos y creveza negra, bien espesa y picante, nos encaramamos a los montes de Lifford. Según las leyendas celtas, los guerreros que se retiraban, llevaban sus espadas hasta allí y las calvaban en la cima de los montes en señal de respeto a lo que defendió, en ofrenda al cielo por su suerte y en conjunción entre la tierra y el cielo porque ha sido el destino del guerrero, llevar el cielo sobre su cabeza y el camino bajo sus pies.<br />
Habían quienes terminaban sus días luego de esa ofrenda y otros dejaban la espada, agradecían a Danna, la diosa de Irlanda y aceptaban el destino de maestros en lo que le restaba su vida terrenal.<br />
Nosotros llegamos en una combi a unos diez kilómetros de las laderas montañosas para luego hacer ese trama a caballos, como lo hacían los guerreros. Uno de los amigos, consigó las espadas y los pañuelos de seda. el camino desde la base del monte a la cima, lo hicimos a pie, cinco kilómetros más.<br />
Al llegar arriba de todo, el panorama era exquisitamente maravilloso, el sonido del viento nos recibía como un coro de ángeles y fanfarrias de pájaros. Eramos cuarenta y dos los que estábamos allí, hombres y mujeres que nos mirábamos entre sí, en silencio, hablando con las miradas, expresándonos con las lágrimas&#8230; El camino, había sido largo y duro. Yo pensaba en las funciones que tenemos en la vida, cada uno de los seres de esta tierra. No sé si alguien debía haber hecho el trabajo que hicimos otrora en el tiempo. Solo sé que sabíamos de nuestro destino y nunca renegamos de ello. Alguein tenia que cuidar a los ángeles en la tierra.<br />
Sacamos los pañuelos de seda, el azúl que simboliza al cielo, el verde a la tierra fertil de los valles y el rojo representando al alma. Lo atamos en las empuñaduras de las espadas; luego, apuntábamos sus hojas al cielo, blandiéndolas con orgullo y amor. Alguien dijo unas palabras agradeciendo el final de un tramo del camino en la vida. Casi al unísono, clavamos las espadas sobre la cima y allí quedaron, con los pañuelos flameando, acariciados por el viento y el tiempo.<br />
Ahora, no sé si soy maestro, sí sé que no dejaré ni un instante en mi vida de agradecer lo que aprendí&#8230; Y sé que dejé allí mi espada para llevar ahora la pluma, de una manera u otra, sigo siendo un guerrero.</p>
<h2>LUIS NELLA</h2>
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		<title>Hablando con caballos</title>
		<link>http://almacelta.com.ar/?p=42</link>
		<comments>http://almacelta.com.ar/?p=42#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 15 Jul 2008 04:26:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>almacelta</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<category><![CDATA[caballos]]></category>

		<category><![CDATA[cuento]]></category>

		<category><![CDATA[montañas]]></category>

		<category><![CDATA[sur]]></category>

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		<description><![CDATA[Recuerdo un hermoso caballo azabache que le había alcanzado en una de sus patas delanteras la propalación de un rayo que había caído en los bosques. No solo las quemaduras que curaron primero, sino el susto que asimiló el animal lo dejó retobado y no hay nada más peligroso que un caballo retobado. Todos los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:left;"><a href="http://almacelta.com.ar/wp-content/uploads/2008/07/cabalos.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-55" src="http://almacelta.com.ar/wp-content/uploads/2008/07/cabalos.jpg?w=300" alt="" width="300" height="225" /></a>Recuerdo un hermoso caballo azabache que le había alcanzado en una de sus patas delanteras la propalación de un rayo que había caído en los bosques. No solo las quemaduras que curaron primero, sino el susto que asimiló el animal lo dejó retobado y no hay nada más peligroso que un caballo retobado. Todos los intentos de veterinarios y afines, fueron en vano. La solució próxima era sacrificarlo. Pero el dueño del animal confió en un amigo mio que siempre andaba con caballos por las montañas. Verlo, era poco propisio para la estética, era dealineado, llevaba como peinado al viento a lo largo de su cabellera extensa, sus arrugas se endurecían en una incionfundible sabiduría de vejes, pero sentarse y escucharlo hablar, era todo un deleite, un placer a los sentidos y un recreo al alma ávida de sabiuría. Un mapuche olvidado por los de esta parte del mundo, pero siempre acompañado por la mejor parte de éste. No solo aceptó el desafío, sino que me tomó a mi como su aprendíz. Así fue que el primer dia de la &#8220;terapia equina&#8221; al mapuche no se le ocurrió mejor idea que abrir el corral y dejar que el caballo retobado e escapara. No hice comentario, pero él habrá visto mi expresión de honda preocupación por saber que driía el dueño cuando sepa que su caballo, al que confió, le abrmos la tranquera y salió como el mismo que le quemó la pata, perdiéndose en el espeso pinar de Quila Quina. Mi amigo, lejos de preocuparse, montó su caballo y me ordenó subir al mío. Salimos a cabalgar en la misma dirección en que el retobao había huido.De tanto en tanto, él se detenía observaba con detenimiento el suelo y luego olfateaba el aire. Con una leve indicación suya proseguíamos. Luego de un poco más de dos horas, avistamos al caballo en medio del valle, entre los líquenes y las rosas mosquetas. Muy despacio, señaló la cabalagata el mapuche y nos detuvimos a unos trecientos metros del caballo. Cuidadosamente desmontamos y caminamos otros cincenta metros. Se detuvo él y entonces me detuve yo. Se puso de cunclillas y yo lo imité. Esperaba ansioso mis primeras lecciones de recuperación de un caballo retobado. Luego de media hora de silencio, sin nada por hacer y con mis piernas acalambradas por la posción, le pregunté que estabamos esperando para comenzar. Me respondió sin quitar su vista del caballo a lo lejos: &#8220;Desde que legamos que estamos trabajando&#8221;. Me sentí despistado, miraba para todos lados sin comprender qué es lo que habíamos iniciado. Le dije que me iba a incorporar para estirar las piernas, y me respondió que me arrastrara y me sentara sobre alguna roca o tronco, pero que solo se me viera la mitad del cuerpo entre los arbustos para el caballo y yo no lo perdiera de vista. Le pregunté que es lo que estábamos haciendo. Me contestó que solo lo mirase, en silencio, como si nada, el animal debia acostumbrarse a compartir el lugar con nosotros y eso llevaria tiempo. No se si eso daria resultado pero hice caso y me senté en un tronco. Así pasaron horas, nosotros de un lado y el caballo retobado a doscientos metros, separados por el ondular del viento entre las malezas. El indio tomó algo de la tierra, se lo llevó a la boca y lo masticó. Me lanzo un poco de eso para que hiciera lo mismo. Lo tomé y observé de que se trataba. Eran como hojitas verdes redondas y de espesor como una pastilla masticable. &#8220;¿Qué es?&#8221; le pregunté. &#8220;Quilla&#8230; es medicinal&#8230; te cura el dolor de muelas, controla la presión arterial, pasa el dolor de cabezas, mantiene los dientes limpios, fortalece tu piel, nunca te engripas o enfermas de nada&#8230; además te mantiene despierto&#8221;. Lo mastiqué de un saque&#8230; ¡Dios!&#8230; casi vomito. Me ayudó a concentrarme en el caballo, y hasta ya me parecía distinto el sonido del viento. Parecía que escuchaba con mayor claridad a las bandurrias y sentía claramente el golpeteo que hacía el caballo con su casco de la pata trasera derecha. De cuando en cuando, se movía de un lado a otro, parecía como ofuscado por nuestra presnecia, pero luego de variso refunfuneos, parecía resignarse y se agachaba a pastar. Así estuvimos varias horas hasta que el mapuche se incorporó y me indicó que nos ibamos. Dijo que mañana volveríamos. Le indagué cómo lo dejariamos allí y me respondió que no me preocupara, mañana estaría por aquí, no se va tan lejos una vez que encontró un sitio seguro. Al otro día volvimos y efectivamente el retobao andaba por ahí. volvimos a sentarnos y volvimos a esperar, pero tambien haciendo otras cosas, como si no tuvieramos en cuenta a el caballo. Eso sí, ni una palabra, tdo silencio entre nosotros. Así estuvimos una semana y ya casi estábamos a cincuenta metros del caballo. Ese día, el maapuche dijo que estaba listo. Le pregunté como sabía, qué señal le había dado el caballo para saber que estaba listo. Mi amigo me respondió que no hablaba del caballo sino de mi. no comprendí que quiso decir. &#8220;A parrtir de ahora, solo vos te quedarás con el caballo hasta que te permita tocarlo&#8221;. Casi me desmayo, me tremblaba las piernas, le preguntaba como iba a lograrlo, no concocía las técnicas, no sabría cual seria el momento. Me contestó, que eso no se enseña, eso se siente cuando uno se deja ser parte de la naturaleza. Así fue que el Mapuche luego de palmearme la espalda, me alentó , se incorporó y se marchó sin antes decirme que nos veriamos al anochecer. Así que me quedé solo, sin saber que paso seguía. Parecia que el caballo lo había notado, pues se lo notaba inquieto y resoplaba entre relinchos cortados. Miré la hora en mi reloj, luego decidí quitarmelo de la muñeca y gardarlo en el bolsillo de mi gabán. Perfería no saber del tiempo, creo que se trataba de ser parte de él.</p>
<p style="text-align:left;">Sin darme cuenta, cada hora que pasaba allí, a cincuenta metros del caballo, me concentraba más tanto con el caballo como con el entorno. Era placenteramente único esos momentos en que toda la naturaleza conmovía mis sentidos. Ya no solamente sentía el sonido del viento y la fricción de las malezas. Podía percibir el arruyo de los riachos que bajaban de la montaña a más de un kilómetro. El aroma del aire, mezcla pinar, mezcla rosas mosquetas, mezcla del lago. Por momentos cerrraba los ojos e incorporaba a todo ello, el sonido del latido de mi corazón, tan armonioso&#8230; tranquilo.<br />
El caballo relinchaba alguna que otra vez y lo miraba pero no con tanta atención. Me incorporé y caminé unos pasos más hacia él, lentamente, como quien se deja llevar a la deriva. Supe que el retobado no retrocedía, al contrario, golpeaba los casos deltanteros como desafiándome a no acercarme, pero le hacía caso omiso. Volví a sentarme y allí me quedé casi ignorándolo.<br />
Había pasado un par de horas en que él me estudiaba y cada vez se acercaba unos centímetros. Llegó a estar a un par de mertos de mi, se puso a pastorear ignorándo mi presencia como yo la suya, pero sabíamos mutuamente de que estabamos ahí. Pude percibir como un halo mágico, su vibración, ya media su respiración y supe que comenzaba a sentir confianza del entorno y de mi. En un instante, amagó con acercarse más a mi como queriendo algo, pero se arrepintió en el camino. Por primera vez rompí mi silencio&#8230; &#8220;Hasta mañana&#8221; le dije, me levanté y me alejé pausadamente del sitio.<br />
Al amanecer, ya me encontraba nuevamente allí, con una mochila, me senté cerca del caballo que pastoreaba, Hacía como si no me hubiera visto, pero sus ojos de vez en cuando los revoleaba hacia mi. Ya sus orejas no apuntaban hacia atrás, estaban descansadas hacia delante, señal que no estaba para nada tensionado..<br />
Me puse los guantes y extraje de m mochila un pedazo de batata. Partí un poco y lo comí, luego me paré y me acerqué a un metro del caballo.Extendí mi brazo ofreciéndole el resto de la batata. Su primer gesto fue poner las orejas hacia atrás, agitó brevemente la cabeza y los orificiios de su hocíco se hincharon, pero paulatinamente se tranquilizó. Dudó un instante más, yo mantenía mi brazo extendído ofreciéndole la batata. Finalmente se animó y mordió la miad de la ofrenda.<br />
Parecía disfrutarlo. Su crin se suavizaba, el pelaje del lomo descansaba apenas agitada por la brisa. Volvió su hocico a mi mano en busca del resto de la batata.<br />
Las próximas dos horas fueron de acercamiento mutuo, no nos distanciabamos a mas de un par de metros. Comencé la sigueinte fase, caminé con cautela alrededor de él. Me seguia con su vista pero cuando pasaba por detrás no se volvió, se quedó estático a la espera hasta que volvió a divisarme por su flanco izquierdo. Terminé el círuclo y me paré junto a él. Lo observé atentamente y me percaté por priemra vez de su belleza, sus líneas casi perectas. Sus ojos habian cambiado de apsecto nitidamente; lucían inocentes, frescos, curiosos pero a la vez pasivos.<br />
Respieré hondo y lentamente retiré el guante de mi mano derecha. Alcé mi brazo, evitando todo movimiento brusco y fui apoyando, pirmero mis dedos y luego mi palma sobre su hocico. Luego de un instante, comencé a deslizar mi mano a lo largo de su hocico de manera lenta y tiernamente. Volví a hablarle, a decirle lo bello que era, lo fuerte que se lo podía percibir. Parecía que el animal percibía a su vez mi cariño y apenas movia la cabeza como si sintiera cosquillas. Un pequeño relincho daba su señal de satifacción. Eso me hizo confiar más y comencé a sobar su cuello hasta su crin. Me tomé todo el tiempo, el que no existía en ese momento. Alcancé su lomo y luego la prueba de fuego. Baje por su pata que había sufrido las quemaduras. Al principio, se inquietó, lo calmé con mi voz sosteniédole la pata si apretar pero con firmeza. Me saqué el otro guante y osculté sus heridas ya sanadas. Apoyé completamente la palma en señal de seguridad y resguardo para él.<br />
Me incorporé y caminé hasta donde estaba mi mochila. Extraje un lazo y me volví a colocar uno de los guantes. Retorné al caballo, volví a acariciar su hocico, luego preparé la cuerda frente a él para que viera que hacia el lazo. No parecia inquietarlo, pero estaba expectante.Muy despacio xomencé a deslizar la cuerda por su hocico pero un leve cabeceo lo impidió. Volví a tranquiizarlo con mi voz y con las caricas suaves. Al segundo intento, el lazo pasó totalmente hasta la base de su cuello.<br />
Esperé unos minutos para tironera suave y despaciosamente de la cuerda. El caballo adeltanó unos pasos. Supe que ya estaba listo para retornar. Caminaba detras de mi, yo le mostraba confianza, no temía por lo que fuera a hacer, sentía que estabamos muy bien.<br />
Al atardecer, llegué al corral con el caballo ya bastante curado. Mi amigo el mapuche, me observaba sentado en la cerca, expresando una leve sonrisa y asintiendo con su cabeza.<br />
Lo entré al corral y dejpe el lazo colgado de la tranquera. &#8220;Creo que está listo&#8221; le dije a mi amigo. &#8220;Aún no lo sabemos, todavía falta unos días de trabajo y veremos si se curó o no. Mañana, bien temprano comenzaremos&#8221; indicó el mapuche.<br />
No spue que estabamos en mitad del porceso, pero de todos modos, lo que comencé en ese tiempo había sido sencillamente maravilloso. El caballo había cambiado bastante, pero yo había cambiado completamente.</p>
<p style="text-align:left;">Sin darme cuenta, cada hora que pasaba allí, a cincuenta metros del caballo, me concentraba más tanto con el caballo como con el entorno. Era placenteramente único esos momentos en que toda la naturaleza conmovía mis sentidos. Ya no solamente sentía el sonido del viento y la fricción de las malezas. Podía percibir el arruyo de los riachos que bajaban de la montaña a más de un kilómetro. El aroma del aire, mezcla pinar, mezcla rosas mosquetas, mezcla del lago. Por momentos cerrraba los ojos e incorporaba a todo ello, el sonido del latido de mi corazón, tan armonioso&#8230; tranquilo.<br />
El caballo relinchaba alguna que otra vez y lo miraba pero no con tanta atención. Me incorporé y caminé unos pasos más hacia él, lentamente, como quien se deja llevar a la deriva. Supe que el retobado no retrocedía, al contrario, golpeaba los casos deltanteros como desafiándome a no acercarme, pero le hacía caso omiso. Volví a sentarme y allí me quedé casi ignorándolo.<br />
Había pasado un par de horas en que él me estudiaba y cada vez se acercaba unos centímetros. Llegó a estar a un par de mertos de mi, se puso a pastorear ignorándo mi presencia como yo la suya, pero sabíamos mutuamente de que estabamos ahí. Pude percibir como un halo mágico, su vibración, ya media su respiración y supe que comenzaba a sentir confianza del entorno y de mi. En un instante, amagó con acercarse más a mi como queriendo algo, pero se arrepintió en el camino. Por primera vez rompí mi silencio&#8230; &#8220;Hasta mañana&#8221; le dije, me levanté y me alejé pausadamente del sitio.<br />
Al amanecer, ya me encontraba nuevamente allí, con una mochila, me senté cerca del caballo que pastoreaba, Hacía como si no me hubiera visto, pero sus ojos de vez en cuando los revoleaba hacia mi. Ya sus orejas no apuntaban hacia atrás, estaban descansadas hacia delante, señal que no estaba para nada tensionado..<br />
Me puse los guantes y extraje de m mochila un pedazo de batata. Partí un poco y lo comí, luego me paré y me acerqué a un metro del caballo.Extendí mi brazo ofreciéndole el resto de la batata. Su primer gesto fue poner las orejas hacia atrás, agitó brevemente la cabeza y los orificiios de su hocíco se hincharon, pero paulatinamente se tranquilizó. Dudó un instante más, yo mantenía mi brazo extendído ofreciéndole la batata. Finalmente se animó y mordió la miad de la ofrenda.<br />
Parecía disfrutarlo. Su crin se suavizaba, el pelaje del lomo descansaba apenas agitada por la brisa. Volvió su hocico a mi mano en busca del resto de la batata.<br />
Las próximas dos horas fueron de acercamiento mutuo, no nos distanciabamos a mas de un par de metros. Comencé la sigueinte fase, caminé con cautela alrededor de él. Me seguia con su vista pero cuando pasaba por detrás no se volvió, se quedó estático a la espera hasta que volvió a divisarme por su flanco izquierdo. Terminé el círuclo y me paré junto a él. Lo observé atentamente y me percaté por priemra vez de su belleza, sus líneas casi perectas. Sus ojos habian cambiado de apsecto nitidamente; lucían inocentes, frescos, curiosos pero a la vez pasivos.<br />
Respieré hondo y lentamente retiré el guante de mi mano derecha. Alcé mi brazo, evitando todo movimiento brusco y fui apoyando, pirmero mis dedos y luego mi palma sobre su hocico. Luego de un instante, comencé a deslizar mi mano a lo largo de su hocico de manera lenta y tiernamente. Volví a hablarle, a decirle lo bello que era, lo fuerte que se lo podía percibir. Parecía que el animal percibía a su vez mi cariño y apenas movia la cabeza como si sintiera cosquillas. Un pequeño relincho daba su señal de satifacción. Eso me hizo confiar más y comencé a sobar su cuello hasta su crin. Me tomé todo el tiempo, el que no existía en ese momento. Alcancé su lomo y luego la prueba de fuego. Baje por su pata que había sufrido las quemaduras. Al principio, se inquietó, lo calmé con mi voz sosteniédole la pata si apretar pero con firmeza. Me saqué el otro guante y osculté sus heridas ya sanadas. Apoyé completamente la palma en señal de seguridad y resguardo para él.<br />
Me incorporé y caminé hasta donde estaba mi mochila. Extraje un lazo y me volví a colocar uno de los guantes. Retorné al caballo, volví a acariciar su hocico, luego preparé la cuerda frente a él para que viera que hacia el lazo. No parecia inquietarlo, pero estaba expectante.Muy despacio xomencé a deslizar la cuerda por su hocico pero un leve cabeceo lo impidió. Volví a tranquiizarlo con mi voz y con las caricas suaves. Al segundo intento, el lazo pasó totalmente hasta la base de su cuello.<br />
Esperé unos minutos para tironera suave y despaciosamente de la cuerda. El caballo adeltanó unos pasos. Supe que ya estaba listo para retornar. Caminaba detras de mi, yo le mostraba confianza, no temía por lo que fuera a hacer, sentía que estabamos muy bien.<br />
Al atardecer, llegué al corral con el caballo ya bastante curado. Mi amigo el mapuche, me observaba sentado en la cerca, expresando una leve sonrisa y asintiendo con su cabeza.<br />
Lo entré al corral y dejpe el lazo colgado de la tranquera. &#8220;Creo que está listo&#8221; le dije a mi amigo. &#8220;Aún no lo sabemos, todavía falta unos días de trabajo y veremos si se curó o no. Mañana, bien temprano comenzaremos&#8221; indicó el mapuche.<br />
No spue que estabamos en mitad del porceso, pero de todos modos, lo que comencé en ese tiempo había sido sencillamente maravilloso. El caballo había cambiado bastante, pero yo había cambiado completamente.</p>
<h2 style="text-align:left;">LUIS NELLA</h2>
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		<title>El Alma en Aquel Sitio</title>
		<link>http://almacelta.com.ar/?p=40</link>
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		<pubDate>Tue, 15 Jul 2008 04:14:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>almacelta</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Reflexiones viajeras]]></category>

		<category><![CDATA[alma]]></category>

		<category><![CDATA[paz]]></category>

		<category><![CDATA[sitios]]></category>

		<category><![CDATA[tierra]]></category>

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		<category><![CDATA[viento]]></category>

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		<description><![CDATA[A veces hablo y me preguntan que dije, no se entiende; ¡Hablá más alto!. Hay quienes creen que soy tímido, retraido&#8230; Y a veces no me doy cuenta que me vuelvo como ellos y comienzo a correr por las calles sin motivo alguno, almuerzo rápido y me atraganto, porque&#8230; no sé.
Hubo un tiempo en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;">A veces hablo y me preguntan que dije, no se entiende; ¡Hablá más alto!. Hay quienes creen que soy tímido, retraido&#8230; Y a veces no me doy cuenta que me vuelvo como ellos y comienzo a correr por las calles sin motivo alguno, almuerzo rápido y me atraganto, porque&#8230; no sé.<br />
Hubo un tiempo en el que criaba caballos en un sitio que Dios creó para descansar, como su casa de fin de semana. Allí, donde las cimas montañosas eran visitadas a menudo por las nubes y presagiaban un encuentro directo con el cielo.<br />
Allí no se necesita hablar fuerte, con un tono normal, te escuchan a medio kilometro&#8230; Allí el viento no se llevan las palabras, las recoje para sembrarlas en cada rincón de los valles y los bosques y por la noche, los guarda entre las montañas.<br />
Me acostumbre tanto a usar el reloj aquí&#8230; Pensar que con mirar a el sol y descubrir la primera estrella del lucero, ya sabía que tiempo era.<br />
Busco en la radio, en la tele o en algún diario, saber si mañana va a llover o hará frío. Y de seguro que si salgo con paraguas, el cielo estará despejado. Allá, cuando abordaba el catamarán que cruza el Lacar, saludaba a mi amigo el capitán y le comentaba: ¡Qué cielo hermoso, vamos a tener buen tiempo!. El capitán miraba su barómetro y luego me respondía: &#8220;Mañana llueve&#8221;. Al otro día, un aguacero latigaba al pueblo, a veces por varos días sin parar. Y le mapuche, con tan solo escuchar como rebotaba el viento en un cerro que le llamaban &#8220;Tronador&#8221; sabía cuando iba a lllover o nevar.<br />
Acá, miro el cielo cuando se encapota y ya me imagino que se viene un diluvio; lo más probable es que al rato esté todo limpito sin una nube. Allá, cuando el cóndor vuela en ciruclos, era señal de que iba a nevar.<br />
Acá tengo que hacer una cola de 45 minutos, en cualquier supermercado por un dentifrico y una botella de detergente, en las cajas ráipidas. Allá, juntaba las cenizas de las fogatas que prendia durante la noche al píe del huerto para portegerla de la helada, y con ellas, me cepillaba la dentadura y lavaba los platos en el lago.<br />
Acá, hay que llevar a los hijos al zoológico para que vean como es una oveja&#8230; Si no le tendés la mano con una galletita, ni te da bola. Allá, son tantas, que hasta le pones nombres. Allá, las ovejas te saludan.<br />
Acá la gente se sienta en las plazas a mirar gente, intoxcarse con un cigarrillo, y chupar smog que flota más bajo que el aire&#8230; Me causa gracia la gente que corre alrededor de la plaza demostrando que estan en buena forma mientras cientos de vehículos giran con ellos escupíéndole todo los humos posibles. Allá me sentaba horas sobre el césped y contemplaba el lago, hasta se podía escuchar como arullaba las aguas, como cantaban las bandurrias.<br />
No falta alguien, alguna noche que exclame que nunca vió tantas estrellas en un noche clara&#8230; Y yo me sonrío y pienso &#8220;La verdad es que nunca viste tantas estrellas&#8221;&#8230;. La nocturna transparencia del sur te hace deseperar tanto que caes de rodillas ante tanta magestuosidad.<br />
Una vez le dije a un mapuche: &#8220;Aquí sí, que se puede ver el universo&#8221;. Él me miró y con cierta burla respetuosa me respondió &#8220;El universo lo ves todos los días, a cada instante, solo que de donde venís, no tenes tiempo de verlo&#8221;.<br />
En fin, ahora me convertí en un ambiguo de ciudad. Mitad hombre del progreso y la tecnología, y mitad&#8230; mitad&#8230; La verdad es que la otra mitad de mi la tengo que ir a buscar de vez en cuando. Se me fuga al sur. No memolesta que lo haga, lo que sucede, es que se lleva mi alma.</p>
<p>                                              </p>
<h2 style="text-align:justify;">             LUIS NELLA</h2>
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		<title>Manifiesto de un Celta</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Jul 2008 04:07:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>almacelta</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuestiones del alma celta]]></category>

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No puedo dejar de sentir cierta nostalgia por las cosas que he vivido, por esos lugares y esas personas que me hicieron tan felices. No puedo dejar de notar en los otros, a quienes aprecio, gestos que he incorporado en mi y actitudes que les he dejado a ellos. No puedo de dejar de sonreír, [...]]]></description>
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<p style="line-height:150%;">No puedo dejar de sentir cierta nostalgia por las cosas que he vivido, por esos lugares y esas personas que me hicieron tan felices. No puedo dejar de notar en los otros, a quienes aprecio, gestos que he incorporado en mi y actitudes que les he dejado a ellos. No puedo de dejar de sonreír, al mirar para atrás,  que mis huellas en la arena no fueron borradas por el mar, apenas acariciadas por la espuma como una oceánica bendición.</p>
<p style="line-height:150%;">Si me preguntasen si volvería a vivir exactamente igual hasta este presente, les diría que no. Porque me gusta la nostalgia cuando se convirtió en aprendizaje y a su vez en crecimiento. Porque no me sorprendería esos abrazos espontáneos que alguna vez fueron como bisagras del tiempo. Porque no quisiera volver a recordar lo que ya me acuerdo y tanto costó. Por esos aromas de las cosas que no dejan de ser presente y m hacen saber donde estoy; aun más, si fue el perfume de la piel de una mujer.</p>
<p style="line-height:150%;">No volvería a ser niño, ya aprendí matemáticas, otra vez no. Todavía, cuando sube a mi automóvil, me parece conducir el karting que me hizo mi viejo para un día de reyes magos. A parte no hace falta, el niño no se fue nunca de mí, por suerte.</p>
<p style="line-height:150%;">Además, nadie en sus cabales volvería a perder a los amigos que tanto amó, y mucho menos, dejaría que mis hermanos se vayan dos veces.</p>
<p style="line-height:150%;">Digamos que, todo es enseñanza, de todo maduramos y podemos salir adelante, pero tampoco la pavada de andar sufriendo las despedidas, los duelos, las pérdidas, las frustraciones… Se lo dejo para al que le cueste aprender o no entendió nada.</p>
<p style="line-height:150%;">Y como decía antes, lo bueno tampoco, porque es así la vida, sino sería una reiteración si así sirviera. ¿Por qué querría que mi hijo volviera a ser bebé? Ahora estoy disfrutándolo, aprovechando lo mucho que nos costó con su madre. No, mi amigo, no justo ahora que me dice “¡¿Sabes cuanto te quiero .viejo?!”</p>
<p style="line-height:150%;">Me basta con escuchar la música de la época que iba a bailar a los boliches, las pocas veces que pude. Habrán sido pocas, pero muy buenas y tampoco había borracheras como las de antes. Sin embargo, están donde deben estar, en lo lindo del pasado.</p>
<p style="line-height:150%;">Mucho menos, elegiría tener veinte años con la madurez de ahora; ni para levantar minas, ni para ser un adolescente maduro. Seguramente hubiera pecado de soberbio, me hubiese equivocado más y no tendría excusa. Elijo asumir mis canas que van floreciendo y saber que dentro de poco, el viagra estará en el botiquín… Pero nadie me quita lo bailado… y ya bailé bastante, ahora quiero descansar, disfrutar lo que pude construir y seguir haciéndolo, porque son épocas buenas, no en el mundo ni en el país, son buenas en el alma, en el interior si uno quiere.</p>
<p style="line-height:150%;">No volvería a vivir para tomar whisky; si es ahora que lo disfruto, que se tomarlo. Tal vez, algún día, un doctor me lo quiera sacar… si se atreve, ojo.</p>
<p style="line-height:150%;">No volvería a vivir porque sería hacer trampa, así no vale. Yo amo esta vida que me regaló el cielo, con todo lo malo y todo lo bueno que pasó y pasará. No tengo apuro en irme, mucho menos en volver. Creo en lo que viene después, creo en seguir viviendo en mis amados seres, en aquellos que les pueda servir.</p>
<p style="line-height:150%;">Diría Neruda “Confieso que he vivido”; yo agregaría…”y han querido matarme mil veces y mil veces resucité”</p>
<p style="line-height:150%;">Para que volver a comenzar, si justo ahora agradezco todo, tal y como fueron las cosas.</p>
<p style="line-height:150%;">Está bueno lo que fui, aunque en su momento no estuve tan de acuerdo conmigo mismo y está bueno con lo que soy, aún con todos los errores que me siguen molestando, pero mejor así, no sé otra manera de avanzar. Esa es mi libertad, mi casa.</p>
<p style="line-height:150%;">Y si me preguntasen ¿Tampoco aceptaría volver a vivir para enmendar errores y ser más feliz?&#8230; ¡No!&#8230;. Tanta felicidad, a veces da miedo. </p>
<h2 style="line-height:150%;">                                                     LUIS NELLA</h2>
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		<title>Hombre Maratón</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jul 2008 14:50:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>almacelta</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Historias de vida]]></category>

		<category><![CDATA[ejemplo]]></category>

		<category><![CDATA[historia de vida]]></category>

		<category><![CDATA[historias]]></category>

		<category><![CDATA[hombre]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando la victoria sobre tu vida obtiene la mejor medalla.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:left;margin:0;"><a href="http://almacelta.com.ar/wp-content/uploads/2008/07/y1pjpzggw8eokxxsflqwe1auwjrue5n6i6d-w7dxzdok_zww2ewh8wzaovwdb-n-wpmrniju2x8xhe.jpeg"><img class="alignright size-medium wp-image-49" src="http://almacelta.com.ar/wp-content/uploads/2008/07/y1pjpzggw8eokxxsflqwe1auwjrue5n6i6d-w7dxzdok_zww2ewh8wzaovwdb-n-wpmrniju2x8xhe.jpeg?w=300" alt="" width="300" height="225" /></a>Fabián me seguía con su camioneta rumbo a Villa Gesell. Paramos en una estación de servicios a cargar combustible en nuestros vehículos y tomarnos un descanso. Él estaba como un chico; inquieto, mirando por todos lados. Le pregunté como se sentía y obviamente la respuesta era “Todo Bien”.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">Cuando llegamos con nuestras esposas, nos alojamos en una casa que nos prestaron por el fin de semana.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">La tarde nos sorprendió con una tormenta de rayos y agua a rolete. Caminamos por la avenida 3 de Gesell y nos empapamos. Fabián se concentraba cada vez más en el evento del domingo. Mientras, consumía hidratos de carbono y un buen cuarto kilo de helado. Paula, Silvia y Yo, disfrutábamos a destajo del tiempo. Fabián también lo hacía, pero la procesión pasaba por dentro. La ansiedad, luego de veintipico de años de no participar en un evento de tal magnitud, revoloteaba el alma de mi amigo y conmovía su espíritu.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">Más allá de su orgullo, los ojos siguen siendo espejos del alma de cualquiera en esta vida.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">Armó su bicicleta con minuciosa dedicación, repasó cada detalle de los implementos. Acomodó su traje de neopreno para el tramo de nado por el mar en el triatlón. Y los higos secos y cereales, eran consumidos por la intriga del corazón de saber, si después de tanto tempo, iba a llegar a la meta.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">Así transcurrió el sábado, de tres personas (nosotros) acompañando las horas previas de otra (él) quine estaba por demostrarle a su alma que aún podía y con creces.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">El domingo, Fabián tenía que estar a las siete en el parque cerrado con su bicicleta. Por supuesto que a las cinco de la mañana ya estaba de pie, frotándose las manos, como un paso invernal que le acurrucaba el corazón y hacía confundir las técnicas deportivas a aplicar por su cabeza.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">Luego de la lluvia del sábado, el domingo descubría un cielo abierto y un sol con todo su brillo, pero el mar no estaba tan amigable como el resto de la naturaleza. Sus aguas eran un poco menos que el de los ríos de deshielo de la Patagonia.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">Así, Fabián comenzó la prueba junto a casi más de ochocientas almas en diferentes categorías que llevaban sus diferentes objetivos de mochilas. Se notaba, desde afuera, que el braceo era dificultoso, que a los pocos minutos, los botes de enfermeros y asientes comenzaba a sacar a competidores con hipotermia, cansancio. Luego de cuarenta minutos o algo más, una eternidad para los competidores, comenzaron a salir a la costa. Tambaleantes, descompuestos. Ni siquiera los que seguían en carrera, salían incólumes. Fabián, había sentido el esfuerzo, el frío y los años. Pero para él, el alma no tiene edad ni conocía el cansancio. Y comenzó la segunda etapa, casi dos horas en bicicleta por la ciudad. Ni siquiera el sol ni el sudor de la marcha, aún podía quitar el frío del océano en los cuerpos de esas almas en competencia.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">A pesar de la extenuante maratón, era deslumbrante ver el entusiasmo y las garras en los rostros de aquellos gladiadores y gladiadoras que llevaban sus mochilas de sueños a cuestas, cada vez más pesadas conforme avanzaba el triatlón.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">Y Fabián concluyó la etapa ciclística. Al bajar, con la respiración apretada en un bolsillo imaginario, se calzaba para el tramo a trote. A la pregunta de cómo estaba, la respuesta fue un forzado “bien”. Le esperaba veintiún kilómetros para llegar a la meta. Recordé que la noche anterior, él me dijo que no había venido a ganar sino a ver si podía llegar al final. Esa era su meta. A penas con dos años más que yo, veníamos de una generación perseguida por los que envidaban que pensáramos, temerosos hasta escribir con la izquierda por si se interpretaba subversivo. Pisoteados por la burla macabra de una guerra en el sur y olvidada por la indiferencia de un pueblo que todavía no acaba de aprender la primera lección del libro. La generación que le habían arrebatado la esperanza, ahora tenía el deber de fecundarla en las que venían. Tal vez, en ese momento de la carrera, Fabián no lo sabía, pero no solamente estaba persiguiendo su meta, era la de todos nosotros también.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">A las 14:10 hs, de la tarde, luego de casi seis horas de un esfuerzo sin comparación; vi a Fabián doblar la esquina y hacer los últimos cuarenta metros a la meta final… Y llegó. Medalla, una toalla para el sudor que también serviría para las lágrimas. Confundido en un abrazo con su esposa Silvia… ¿cuántas cosas estarían pasando por la cabeza de ese batallador?</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">Digna astilla del roble que fue su padre, Néstor Mazzarello; un profesor de la universidad y alguien quien acompañó a Fabián en todo momento y a todos lados. El que le enseñó a que las utopías sirven para seguir caminando, y que las metas son reservadas para los hombres de honor quienes escriben la verdadera historia en el silencio.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">Fabián, ni siquiera preguntó en que puesto llegó en su categoría. Él ya había ganado su batalla y el honor estaba a salvo y en buenas manos. Su meta, como deportista, era llegar, así sea con las rodillas, pero llegar. No había sabido hasta más tarde que llegó quinto y que era merecedor de un trofeo del triatlón.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">Mientras recuperaba el aliento, mientras se dejaba desarmar en pedazos con el deber cumplido, yo lo observaba, Paula también.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">Yo no veía tan solo a un deportista, también a un hombre que se fijó su propias metas, desafió su edad y confió en su espíritu. Lo empujó sin dudas, su padre y él, ahora, a sus hijas y a nosotros. Son esas cosas mágicas que se dejan para siempre de generación en generación.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">He sido testigo de un tremendo ejemplo de superación, de esos que le hacen tanta falta a nuestra sociedad acostumbrada a que todo se le dé, descubriendo que la lluvia realmente moja una vez que se desmoronó el techo de la casa.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">Y no es cierto que detrá de cada gran hombre, hay una gran mujer. Ella está al lado, no detrás. Nadie puede escribir las historias solas. Lo sé por experiencia propia, por Paula. Y en el caso de Fabián, por Silvia; la que acompaña, alienta, estimula, comparte buenas y malas</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">Néstor Fabián Mazzarello, no quiso admitir el ejemplo, mitad humildad, mitad vergüenza. No existen los héroes como en las películas, no hay héroes de las guerras. Los hay anónimos, silenciosos, aquellos que ponen un ladrillo para, que los que vienen, pongan los suyos encima, de la misma manera, con la misma dedicación y amor.</p>
<p style="text-align:left;margin:0;">Seguramente, Fabián estará pensando ahora su próxima meta. Me alegra saber que somos muchos, los que mantenemos la pluma en la mano… Aún queremos escribir la historia.</p>
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