2012 ¿Se acaba todo?

El alma celta y las profecías de un fin

Cada año que pasa, se renueva los deseos y las esperanzas de un tiempo mejor, de realizar proyectos y comenzar dietas, o dejar de fumar, o lo que sea. La verdad que el 1º de enero de cada año que pasó, siguió siendo tan similar al 31 de diciembre precedente.

Sin embargo, este año que entra, 2012, llega con una carga de expectativas sin correspondencia en las últimas décadas.

Desde el Calendario Maya, pasando por las profecías de Nostradamus, los indígenas Hopi de Norteamérica, y otras culturas de la humanidad; anuncian, en el mejor de los caso, el fin de una era en la humanidad y en el peor, el fin de la existencia de la vida en el planeta.

Para la cultura celta, no hay profecías significativas al tema 2012; particularmente porque se cultura se basa en la transformación continuidad de las cosas. El alma vuelve una y otra vez para mejorar, aprender, crecer. Sin embargo, hay una categoría superior de perfección. La pregunta es: ¿Y luego qué?… No existe respuesta clara, más que la perfección de la vida, armónicamente con la naturaleza y Dios (o deidades para la vieja cultura). Podría interpretarse como “vida eterna”

Pero si, hipotéticamente, los celtas debieran tomar una posición con respecto a las profecías mayas o de Nostradamus; nunca supondrían un fin del mundo, pero sí un cambio evolutivo  y necesario a vistas de lo ocurrido en la relación hombre-naturaleza.

 

Y la gente, conforme pasó el tiempo, comenzó a prestarle más y más atención al asunto de 2012. Y como condición innata del ser humano, busca explicaciones, las refuta, las vuelve a coronar e incluso, se tejen todo tipo de leyendas y temores.

Pero si algo está convencida la cultura celta, es en la “moneda de cambio” con que se nos devuelven nuestras actuaciones. El río te dará peces para que puedas alimentarte, pero cuando contamines sus aguas, no te devolverá peces sino muerte.

Eso podría caber perfectamente para nuestros tiempos, como así: “El río arrullará con calma cuando construyas tu hogar en su orilla, pero cuando los desvíes para ampliar tu casa, un día el río regresará a su cauce con furia, arrebatándote hasta lo que no debiera”.

Es sabido ya, sobre la comunión que encarna el celtismo con la naturaleza. Pero eso no tiene que ver solo con el paisaje, sino con la naturaleza del hombre mismo.

Durante décadas, podemos identificar nuestros adelantos y nuestros retrocesos como humanos, pero es cierto también, que a medida que llegamos a nuestro presente, pareciera que toda esperanza de fe, se esfumara o se diluyera en un mar de violencia, egoísmo e indiferencia que tampoco tiene precedente en la historia.

Hemos escuchado a muchas personas, que al referirse sobre estos tiempos de grandes cambios o temores de fin de todas las cosas, decir que muchas veces en la historia de la humanidad ya se habían sentido y luego se demostró que no pasó nada. Es cierto, los temores de fines del mundo siempre han existido, pero los hechos  siempre circundaron las similitudes a diferencia de éste tiempo en que vivos.

¿Y qué sucede de diferente?… Pues, nunca antes en la historia del hombre, se aceleró la tecnología como en ésta época. Las necesidades de crecimiento de los países fueron creciendo de tal manera, que comenzó a avasallar a otros, la diferencia entre países ricos y pobres se hizo tan notable desde la globalización política y económica como nunca antes. La diferencia de capas sociales se distanció a un ritmo vertiginoso que no puede ser alcanzado por asociaciones y grupos que intentan desesperadamente enmendar las carencias de los más castigados. El individualismo se ha convertido en algo crónico y comenzó a carcomer las bases de las sociedades, incluso el de la familia misma.

Las ideologías se demostraron insuficientes y hasta los sistemas que se exponían triunfalistas hace una década, ahora se desmoronan si más remedio. La misma Democracia, ha demostrado un grado alarmante de falta de respuestas para la igualdad de las comunidades contenidas por ella; ni ha podido crear anticuerpos para la desmedida ambición de la política corrupta de muchas naciones emergentes. La forma capitalista económica, peor aún, mostró su rostro más tenebroso y ha sembrado la desgracia y la hambruna en muchas naciones. La naturaleza de las cosas, así como el río; comienza a cobrarle al capitalismo el deliberado egoísmo y su voracidad de poder.

Pero… ¿Antes no ocurría estas cosas? ¿A caso no fue peor las guerras mundiales?…

Imaginemos a nuestro planeta como un balón de goma, que a pesar de los golpes y patadas recibidas, pudo con su elasticidad reponerse a duras penas. Pero como todo en el universo,  tiene su desgaste. Ahora imaginemos que tomemos un cuchillo y comencemos a tajar a dicho balón.

El mundo ha recibido ya tantas heridas que hasta sus habitantes comenzaron a sentirlas. Y como si fuera un gran organismo, debe empezar a curarse.

Muchas personas y entidades benefactoras han entendido la necesidad de revertir el daño infligido a nuestro planeta por varios medios. Lo que no sabemos es que si hemos llegado a tiempo para curarla nosotros mismos. Sin embargo, la tierra ya ha pasado por estos procesos, aún cuando la humanidad no existía aquí. Lo que nos lleva a pensar en que, la tierra se curará así misma si es necesario, aún sin la ayuda humana. La naturaleza es más inteligente que el hombre, y éste no entendió que era parte de ella.

La actitud que, por este tiempo tiene la humanidad, pudo ser siempre la misma y ahora agravarse. Pero todo tiene su límite, de eso hay que estar seguro. El hombre con su ambición desmedida ha desviado al río y ha creído que su inteligencia y poder, podría mantenerlo así todo el tiempo que quisiese. Ahora intenta con su tecnología, que no suceda antes de lo que previó.

La tecnología ha permitido avances asombrosos, e incluso salvar vidas, prolongarlas y dar esperanzas. Ha sido generosa en cuanto a las comunicaciones y la transportación. Pero algo nos pasó cuando dejamos de llamarnos por teléfono y escuchar nuestras voces, para tan solo enviarnos textos fríos y llenos de faltas de ortografía. La gente dejó de escribir en manuscrito, comenzó a atrofiársele la parte de la escritura en el cerebro.

Ahora tenemos cientos de amigos en nuestros Facebook, pero cuando llega la hora de apagar las velitas del cumpleaños, si nos rodean tres personas, es demasiado.

Los jóvenes dejaron de pensar por si mismos, aunque crean que no es así. Se mueven en corrientes, en manada, como tribus urbanas, pero no surgen líderes, solo se basan en ídolos o propuestas de personajes que fueron de otros tiempos y contextos. No es rebeldía lo que muestran, sino una desesperada necesidad por que alguien les diga como seguir y ser parte de una historia.

 

Tiempos que se perdió la cortesía, donde los padres les tiene miedo a sus hijos, los políticos ya no esconden sus miserias sino que las lucen. Cuando ya no es noticia que en Congo, las luchas tribales lleven en un año, más de 1 millón y medio de muertos. Sì, es noticia que España e Italia se ahogan económicamente… y en su propio vómito. La ambición nunca les permitió lo corto que era ese “camino de bondades”.

Solo el 20 % de la población mundial tiene acceso al 80% de los recursos que tiene el planeta y el 50% de la actividad agrícola sirve para alimentar animales y producir agro combustibles. Se perdieron la mitad de los bosques del mundo debido a la demanda de las sociedades; eso provoca que tengamos hasta 5 veces más dióxido de carbono en la última década que en toda la historia de la tierra. Solo en los últimos 50 años, se provocó el aceleramiento de los cambios climáticos a un ritmo nunca antes conocido por la ciencia.

 

Nada de lo descrito es una visión de pesimismo. Sino de reconocer que desde las debilidades del ser humano, el alma aprende, debe hacerlo y debe prepararse para los cambios que se avecinan. Más que preocuparse por si los Mayas tenían razón, deberíamos ocupar el tiempo en cambiar nosotros mismos. No es una profecia o varias que acabarán con el mundo, somos nosotros mismos lo que lo haremos si no cambiamos a tiempo.

Si no creyera en la superación humana,  no me pondría a escribir para este sitio, ni les hablaría del alma, ni escribiría libros. Lo hago para apelar a la conciencia de cada uno y que puedan agudizar los instintos para poder visualizar las señales necesarias para saber que hacer.

El alma que aprende, la vida lo guía. No debemos negar nada de los que nos ofrece los avances tecnológicos. Pero debemos ponerlo a nuestro servicio, honestamente, y eso significa encontrar desde lo profundo de nuestra vergüenza humana, la manera de compartir más y mejor, de construir elementos que no dañen a la naturaleza y principalmente que no nos dañen a nosotros mismos.

 

 Mi alma no habla de finales de la existencia, sino de una evolución fabulosa y que agradezco infinitamente poder vivirlo en presente. Para un celta, las cosas no terminan, se renuevan. Y si el cambio pudiera ser a un costo elevadísimo y doloroso, deberá ser así y el alma tendrá el ineludible deber  de hacer su duelo, meditar al respecto,  transformar sus fuerzas y realizar eso que no es un capricho del destino, sino lo que nunca tendríamos que haber desafiado. Sea lo que sea, será al fin y al cabo para el bien de la humanidad, que no va a desaparecer pero indefectiblemente de transformará en algo aún nunca experimentado.

                                                                                                   LUIS NELLA

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